Menu
RSS

LO QUE NOS DA LA GANA

LO QUE NOS DA LA GANA - 3.7 out of 5 based on 10 votes

Es posible que entre tanta santa palabra se nos haya pasado desapercibido uno de los hechos más graves de nuestra historia reciente. Y es el de la formación inequívoca de una republiqueta independiente en la región de Tumaco.

Los llamados campesinos cocaleros, mafia pura conectada con las de Centroamérica y México, se han declarado en rebeldía y le ganaron la partida al Estado que los impulsó, ayudó, toleró, y ahora hace gestos de desespero porque no puede controlarlos.

En Tumaco mandan ellos. Hacen lo que les da la gana. Y eso que les da la gana es producir cocaína a todo vapor y comercializarla al interior, para nuestras felices “ollas”, y al exterior, para ganar fabulosa cantidad de dinero, armarse y seguir haciendo lo que les da la gana.

Cifras sin contradicción oficial revelan que en esa zona hay por lo menos 25.000 hectáreas sembradas de coca, con una producción estimada de cien toneladas métricas de cocaína al año. Como el polvito blanco lo negocian a cinco millones de pesos por kilo, los campesinos de nuestro cuento se echan al bolsillo cinco billones de pesos anuales. Ni para qué contar los ingresos aledaños por explotación de oro, por secuestros o extorsiones o por peajes cobrados a productos de zonas que pasan por sus linderos camino del Pacífico. Para qué.

Esos nuevos potentados tienen más que en jaque a las autoridades. Lo último que hicieron fue imponer para Semana Santa un pico y placa, permitiendo el tránsito hacia el Municipio y vecindades en determinados días a determinadas horas. Por fuera de ese calendario, a Tumaco y de Tumaco no entra ni sale nadie.

Como la Policía hizo el simulacro de intentar la erradicación manual de unas matas, en señal de protesta quemaron tres retro excavadoras de los ingenieros que construyen la carretera que iría al Ecuador. Y ya entrados en gastos, han quemado camiones de carga a la vista de la policía y del ejército, sin que les pase nada a los pirómanos, por supuesto.

Para llegar a tal grado de arrogancia y descaro, los tales campesinos han pasado por reflexiones elementales y contundentes.

Cuando la siembra y venta de coca y cocaína estaban prohibidas, el Gobierno regaba desde el aire cantidades de glifosato que tenían a raya la producción. Si dejó de hacerlo, es porque el negocio es lícito.

Cuando un cocalero caía en manos de la Policía, iba a parar a una cárcel de Los Estados Unidos, si alguna Corte lo pedía en extradición. Como ese tratamiento desapareció y aquí no nos persigue nadie, es porque no incurrimos en delito alguno.

Cuando la cosa estaba grave, cuidábamos la zona armados hasta los dientes, pero corríamos el riego de los bombardeos aéreos y la acción de las brigadas anti narcóticos. Como eso está prohibido, es porque ha quedado permitido lo que hacemos.

En esos malos tiempos, si el negocio se lograba venían jueces muy adustos y nos quitaban el producido en un santiamén, con acciones que llamaban de extinción de dominio. Eso se acabó. Luego nuestra plata no es mala.

Sabemos de primera mano que nuestros amigos y socios de las FARC hicieron elegir Vice Presidente a un nuevo amigo suyo, un tal general Oscar Naranjo, a quienes llamaban afectuosamente el General “Coca” Naranjo. Por donde sacamos en limpio que es la hora nuestra. Ese General Vicepresidente vino por aquí en plan de amigos y en plan de amigos le hicimos saber que aquí mandamos nosotros, que hacemos la que se nos da la gana y que cuidado con ponerse de malas pulgas. Con todo lo que sabemos y con el poder que nos han dado, más vale que se quede, como está, calladito, calladito.

Aunque no lo sepan nuestros compatriotas, la región de Tumaco es muy valiosa para la Nación. Inclusive contiene importantes cultivos de palma de aceite, con los que también hacen los cocaleros lo que les da la gana. Camino hacia el Japón, la China, todo el sudeste asiático, debiera ser puerto de capital importancia. Y en la frontera misma con el Ecuador y por ese camino en la vía para toda América del Sur, hablamos de una región estratégicamente imprescindible. Pero no es solamente por eso  que destacamos la gravedad de lo que allá ocurre.

La delincuencia está midiendo sus armas, o tentando vado como suele decirse. Porque si en Tumaco hace lo que le da la gana, es porque puede hacer lo que le da la gana en cualquier parte. En Paramillo, en el Chocó, en el Catatumbo, en el Caquetá, en el Vaupés, en todo el Putumayo, en Arauca o en el Magdalena Medio.

Este Premio Nobel de farsa nos costó el país. Recobrarlo será tarea colosal. Cuando tengamos veinte tumacos, tendremos bien sabido lo que nos pasó.

 

Read more...

¿QUIEN TUVO LA CULPA?

¿QUIEN TUVO LA CULPA? - 4.9 out of 5 based on 14 votes

Cuando ya no tuvo manera de encubrir el desastre de la economía, valga decir, la pobreza de los colombianos acumulada en grandes dosis durante su gobierno, el ex Presidente Santos resolvió buscar un culpable del desastre. Y lo encontró. El pesimismo, según él lo llama, está causado por los medios de comunicación-

Los medios ahítos de mermelada, pagada por exaltaciones ridículas y ocultamientos vergonzosos, son los culpables. Que les quede claro, para que se apliquen aquel antiquísimo refrán, tan antiguo como la ingratitud que expresa, de que así paga el diablo a quien bien le sirve.

Pero no vamos a enfrascarnos en esa triste pelea de comadres enfurecidas. Preguntémonos mejor ¿ de qué tienen culpa los medios?

Para empezar, el pesimismo empieza porque la economía se cayó al piso y siguió de largo, hasta meterse al sótano. Santos ya sabe que el Banco de la República está pensando que con dificultad va a crecer la economía el 2% en este año, lo que nos hace barruntar que la cosa va para el uno o algo peor. Ese número, traducido a lenguaje vulgar, equivale a hambre. Porque la noticia viene de la mano de que lo padece el 32% de las familias colombianas, que en la detestable jerga económica significa que la tercera parte de los colombianos “no pueden llenar sus necesidades básicas”.

Pero el problema no está solamente en esta realidad inocultable y dramática. Es que las cosas empeoran todos los días. Pese a los esfuerzos del malabarista del régimen, el señor Perfetti, Director del DANE, la industria cae, cuando debiera crecer entre el 6 y el 10% anual; que el campo sigue el mismo camino y que esas realidades inconcusas las expresa la caída del comercio y las cifras inocultables del desempleo juvenil –el peor de América- y el desempleo femenino, que sigue la misma senda.

Las exportaciones van por el mismo camino. Según los titulares de la prensa acusada de causar el pesimismo, crecen las exportaciones. El periodista y el Gobierno aspiran a que la gente no lea más que eso. Pero no falta el curioso que lo haga, para encontrarse en que el tal crecimiento se debe al precio de los combustibles en los comienzos del año, tan superiores al de comienzos del año pasado. Lo primero que advierte el curioso, es que la cantidad exportada cae, porque de un millón de barriles de producción diaria nos desbaratamos a los ochocientos u ochocientos cuarenta mil en que andamos. Pero no es todo. Es apenas el comienzo.

Porque la noticia se hace realmente amarga al comprobar que las exportaciones manufactureras y las agrícolas cayeron al -10%. Estas exportaciones son las que revelan el dinamismo, la productividad, el desarrollo tecnológico y la generación de empleos reales en la economía. Porque  las “otras exportaciones” cubren el oro que los bandidos de las FARC se roban a los ríos que convierten en lodazales, y no llevan agua, ni pesca, sino mercurio y otras porquerías químicas. Así llamamos a lo que se vierte en los caudales después de producir la pasta de coca y el clorhidrato de cocaína, los milagros que mantienen al peso colombiano como una de las monedas más fuertes del mundo.

Estas circunstancias no vienen solas. Como el consumo de los hogares se desplomó, porque no tienen con qué comprar lo mucho que les hace falta, el Gobierno tuvo la soberbia idea de aumentarles la imposición tributaria, que en Colombia es la cuarta más alta del mundo, precedida por las tres economías más pobres de la tierra.

Esa otra mala noticia, la carga de tributación que acompaña la caída del consumo y de las exportaciones, explica la pérdida de todo atractivo para que vengan capitales externos y se queden en calma los locales. Los niveles de inversión son la más clara expresión del pesimismo. Las aves se van cuando hace frío, dijo el poeta y nada más volador que las golondrinas del capital.

Todo esto sumado, se conecta con la mala noticia que más le preocupa a Santos, o acaso la única que lo inquieta, el desbarajuste fiscal pavoroso que equivale a que ya no tiene mermelada ni tostada sobre la cual regarla. El déficit de las cuentas del Estado es enorme, pero crecerá sin medida al ritmo de la carga pensional y del servicio de la deuda. Porque Santos nos endeudó, el solito, más que todos los presidentes que lo antecedieron en 200 años. ¡Esa sí es eficiencia!

Alguien tiene que pagar los platos rotos. Y Santos no vaciló en sindicar a la prensa. El mensajero siempre tiene la culpa de la mala noticia. Y por eso hay que matarlo. Aunque sea mensajero servilmente amigo, como la prensa a la que Santos acusa del desastre. Se quedó corta en sus mentiras. ¡Qué ingrata!

 

 

Read more...

Y EL PUEBLO HABLÓ...

Y EL PUEBLO HABLÓ... - 5.0 out of 5 based on 16 votes

Y dictó su sentencia inapelable: Santos, estás destituido.

El inciso sexto del artículo 109 de la Constitución Nacional es contundente, inequívoco y no hay para qué consultar su espíritu. Basta atenerse a su letra. El que viola los topes de financiación de las campañas, está destituido. No dijo el texto a cuál autoridad le competía aplicar la sanción. Ante la omisión – en Derecho no caben los vacíos, como enseña Recasens Siches – hay que acudir al Principio General del Derecho: el pueblo soberano tiene la suprema competencia para aplicar la Carta.

Y el pueblo habló. Y el pueblo expulsó a Santos del poder. No importa que mantenga como Dictador los alamares y las insignias, las formas del mando. Está destituido. El pueblo soberano le quitó la base que soporta cualquier expresión legítima del mando. Es una mueca de Presidente, una simulación grotesca de Jefe del Estado.

El pueblo, pacífico, generoso, magnánimo pero implacable le gritó “FUERA”. Y está fuera. Irremisiblemente.

La sentencia llegó por una camino inopinado, la de una Reforma Constitucional en la que actuamos, todavía conmovidos por cierta sentencia del Consejo de Estado, en la que un áulico y amigo de Samper, a quien le debía el puesto, había suspendido la norma que fijaba los topes para salvarlo. Y lo salvó en las apariencias del poder, y lo condenó para siempre en el corazón de sus conciudadanos. Pero eso no podía repetirse. 

La sentencia la dictaron millones de ciudadanos que en Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla, Cartagena, Bucaramanga, Pereira, Manizales, Cúcuta, Ibagué, Montería, se volcaron a la calle este histórico primero de abril. Y con el corazón partido de dolor por la tragedia de Mocoa, gritó fuera Santos, fuera. Fue impresionante. Fue emocionante, conmovedor, grandioso. Las calle se llenaron de amarillo color, de indignación y de esperanza. Para Colombia amanece una nueva aurora. 

Cómo marcharon, con Paso de Vencedores, los oficiales de la Reserva. El General Mejía vio desfilar a todos sus antiguos comandantes llenos de orgullo por el uniforme que portaron. En nada dispuestos a pasar bajo las horcas caudinas que les preparan las FARC para instalar en Colombia la lucha de clases y la dictadura del proletariado. Esas son nuestras Fuerzas Armadas y de Policía. Las de verdad. Las auténticas, las que llevaron la Libertad en sus banderas desde el Orinoco y Boyacá hasta los confines de Bolivia y Perú. Las que no se rinden jamás, ni claudican, ni se venden por platos de lentejas.

El pueblo pidió cuentas. Exigió que le explicaran a dónde fueron a parar las decenas de miles de millones de dólares que recibió de la bonanza petrolera. En qué quedaron representados los endeudamientos colosales que asumió este gobierno corrupto para repartir mermelada.

Los colombianos no tienen para celebrar hospitales nuevos para una población creciente en necesidades de salud. Ni los colegios donde los niños más pobres se pongan a la par de los más ricos, para romper esa desigualdad irreparable.

¿Dónde están las carreteras nuevas, se preguntaban, entre burlados y furiosos los que marchaban? ¿Acaso en el Túnel de La Línea, hace meses paralizado, e inconcluso? Acaso en la Ruta del Sol, tirada a su suerte después de que trataran de adicionarla con una carretera destinada a enriquecer, más de lo que están, a dos ministras del despacho y al secretario privado del Presidente? Acaso en la carretera Villeta Guaduas, sin la que nada vale la Ruta del Sol? Acaso en la ruta a Buenaventura, que no empieza, o en la que saque a los Llanos por Cúcuta hacia el Magdalena? O en la carretera a Villavicencio que no son capaces de concluir? La única que avanza, esa sí, es la que se mandó construir el Presidente para que lo lleve hasta su casa de recreo en Anapoima. Por menos se hubiera caído cualquier otro.

El Vicepresidente Vargas, ahora candidato de Santos, inauguró casitas que regaló a un puñado de amigos políticos. Hoy están casi abandonadas, sin pago de servicios, sin rutas de comunicación. Sin nada. Pero el espectáculo de circo se hizo y los índices de carencia de techo no se movieron un ápice.

Y el desempleo juvenil es el mayor de América; y otro tanto pasa con el desempleo femenino; y la mitad de los empleados, así los llaman, son informales, lo que quiere decir que apenas sobreviven; y la corrupción en el cenit y el crecimiento económico en el nadir; y la inseguridad al galope y la justicia no existe, ni cuenta. 

Esa es la Colombia que el pueblo no quiere. Y por eso destituyó al Presidente dictador, que no tiene más legitimidad que Maduro o Raúl Castro. Son las tres tristes figuras del despotismo en América Latina. Y por todo eso, el pueblo marchó y habló. Y dictó sentencia. Quedan notificados.

 

Read more...
Subscribe to this RSS feed